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  • Síndrome del impostor: un libro para perderle miedo. Palabra a palabra.

    Síndrome del impostor: un libro para perderle miedo. Palabra a palabra.

    Hoy voy a contar una historia que empieza con miedo y acaba con un libro: La lección pendiente.

    Durante años, escribir fue sinónimo de pánico, agobio e incomodidad. Fuera el papel o la pantalla en blanco me devolvía siempre un reflejo molesto y ansioso: el del síndrome del impostor que bloqueaba mis teclas y trazo. Mis textos nunca estaban suficientemente acabados; para protegerme, desplegaba tecnicismos y lenguaje académico que me intentaba dar algo de seguridad sin demasiado éxito. Un «estilo» que más que comunicar, me ocultaba. Ni siquiera durante mi etapa en Nativo Social (agencia de social media), con el Sunrise Blog Club (evento matutino para blogueros), conseguía soltarme y escribir con verdadera fluidez y libertad.

    Sin embargo, los años de profesional inquieto me mostraron algo que no me apetecía ver: ni las fotos ni los vídeos de los eventos profesionales que organizaba tenían el mismo impacto duradero que la palabra escrita. Entendí entonces, muy a mi pesar, que para construir realmente marca personal no bastaba con «hacer». Tenía que explicar el porqué, reflexionar sobre cada experiencia y compartir aprendizajes. Exponerme. Concluí entonces que la mejor inversión, por lo tanto, era reconciliarme con la escritura. Era hora de juntar palabras y enfrentarme a mi resistencia más profunda.

    Paradójicamente, lo pienso a menudo, esta decisión iba totalmente en contra de esos consejos tan frecuentes que escuchamos:

    «Enfócate en lo que eres bueno y olvídate de lo demás».

    No seguí esa lógica; al contrario, me lancé precisamente hacia lo que peor se me daba. ¿Error o acierto? Aún no lo tengo claro.

    Entre mis defectos abulta también la «titulitis», debe ser algo generacional o familiar, por lo que decidí enfrentar el reto mediante un curso de escritura. Así calmaría un poco la ansiedad obteniendo un título por el que, al menos simbólicamente, otra persona validase el esfuerzo y los supuestos conocimientos adquiridos. Y fue precisamente en ese curso donde descubrí el ensayo gracias a Carlos Castro Rincón y su Pantógrafo: un formato abierto, sin la obligación de llegar a conclusiones definitivas, perfecto para explorar y pensar desde diferentes ángulos. Aunque debo reconocer que esa ausencia, opcional, de conclusiones cerradas aún me genera cierta incomodidad.

    Tras el curso, decidí continuar con Carlos y vino un proceso intensivo de provocación, acompañamiento y supervisión que me mantuvo escribiendo semanalmente durante más de un año y medio. Hubo piezas aceptables, otras muchas mediocres, pero poco a poco acumulé más de medio centenar de ensayos. Y sucedió algo curioso: comenzaron a aparecer conexiones entre ellos, un universo temático que parecía cobrar sentido colectivo. ¿Podía ser aquello realmente un libro?

    Sin confiar mucho en aquella intuición, opté por el camino de «Juan Palomo»: autoedición pura y dura. Me lancé a aprender Affinity Publisher, mapeé ensayos, organicé estructuras, luché con sangrados, tipografías y márgenes en KDP. Fue exasperante y divertido a partes iguales.

    Lo sorprendente para mí, que suelo tener habilidad para anticiparme a los hechos, es que este proceso fue emocionalmente muy complejo. Me trajo sensaciones que nunca podría haber adelantado. Hoy, esas 200 páginas de mí circulan por ahí, conversando con desconocidos. Es una sensación extraña que todavía no consigo integrar, pero me alegra profundamente haber dado ese paso.

    Haber enfrentado voluntariamente esa incomodidad y haber cambiado mi actitud hacia la escritura es algo que valoro muchísimo. Soy consciente de lo que me ha costado. Además, el proceso me obligó a una introspección constante, revelando aspectos de mí mismo que nunca antes había observado y que sin duda darán para futuros escritos.

    Ahora, sabiendo lo que implica escribir y publicar, puedo decir que reincidir es posible. Porque ya lo hice una vez, ensayo a ensayo, ladrillo a ladrillo. Y aunque siga siendo difícil expresar mi opinión por escrito, sé que este esfuerzo merece la pena. El resultado, hoy puedo asegurarlo, ha valido cada instante de inseguridad.

    Ahora que el libro existe más allá de mí, comienza un nuevo diálogo. Una conversación abierta, algo incierta, con quienes lo lean. Este proceso me ha enseñado que escribir, como vivir, implica aceptar cierta incertidumbre. Quizás el síndrome del impostor no desaparezca del todo, pero hoy sé que puedo invitarlo a sentarse a mi lado mientras sigo jugando con las palabras.


    Si algo de esto resuena contigo o te ves reflejado en este viaje, quizá encuentres en las páginas de La lección pendiente ideas, preguntas o respuestas inesperadas. Puedes conseguirlo en Amazon y acompañarme en esta conversación abierta. ¿Te animas a leerlo?

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  • Movilizando recursos: la letra pequeña del DIY

    Movilizando recursos: la letra pequeña del DIY

    Hoy ya está lista la versión en papel de La lección pendiente 🥳
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    Autopublicar ha significado mucho más que conseguir un ISBN o diseñar una portada. Ha implicado gestionar y movilizar recursos personales, técnicos y emocionales. Una especie de MBA exprés en autopublicación (eso sí, sin diploma ni toga).

    Mientras abordaba cada tarea, pensaba en todas esas asignaturas tradicionales que cursamos en la formación obligatoria, que pocas veces nos explicaron desde un enfoque real y aplicado al día a día laboral:

    📌 ¿Diseñar la portada? Para Plástica que se llamaba en mi época, o mejor aún, una clase específica de Diseño Gráfico. ¿Te imaginas?

    📌 ¿Escribir con claridad, comunicar ideas complejas? ¿Adaptar el texto al público objetivo? Lengua y Literatura, pero con enfoque comunicativo aplicado, no sólo análisis literarios.

    📌 ¿Promocionar en redes sociales? También para Lengua, ¿no? ¿O usar el lenguaje para vender no está bonito? Un poquito de Marketing básico no estaría mal para ayudar a los estudiantes a gestionar de verdad sus redes y su futura marca personal. Las herramientas ya las tienen, pero sin instrucciones.

    📌 ¿Elegir nombre (naming) o tipografía? Comunicación o Identidad Visual, en lugar de limitarnos a usar Arial… o Comic Sans en Word. Plástica también valdría para esto.

    📌 ¿Ponerle precio al libro? Matemáticas aplicadas o Economía real, costes fijos, variables, margen, amortización… no es una empresa pero un libro es casi tan claro con la simulación del puesto de limonada.

    📌 ¿Gestión del proyecto editorial? Eso podría haber sido un Proyecto Basado en el Aprendizaje (PBL) perfecto para clase. Transversal. Multidiciplinar.

    Precisamente una de las apuestas clave en La lección pendiente va en esa dirección: no tanto ampliar el espacio específico de la «iniciativa emprendedora» como asignatura aislada, sino integrar la iniciativa emprendedora en todos los saberes tradicionales.

    Por ejemplo, que cuando estudiemos microbios en Biología, nos cuenten también cómo podríamos ganarnos la vida trabajando en un laboratorio de análisis, o que cuando hablemos sobre animales, nos expliquen las distintas opciones profesionales que tiene un veterinario. Por ejemplo.

    La iniciativa emprendedora debería ser transversal, una mirada práctica presente en toda la educación, y no una asignatura aparte. Trabajar de adultos no parece ser algo opcional para la gran mayoría de personas. Tendría sentido preocuparse por ello lo antes posible.

    🎸 Es como si en Música no sólo aprendiéramos solfeo, sino también cuánto gana un bajista por cada disco vendido o por qué, para muchos músicos, es más rentable un concierto que vender mil copias de un álbum.

    📌 ¿En qué otras asignaturas crees que podríamos incluir este tipo de aprendizajes prácticos (y económicos) sobre cómo poner esos conocimientos en uso?

  • Las oportunidades no llegan con subtítulos

    Las oportunidades no llegan con subtítulos

    Hay quienes piensan que detectar oportunidades es cuestión de suerte, pero yo lo veo más como una competencia entrenable.

    Cuando empecé La lección pendiente hace ya más de dos años, fue porque me llevaba fatal con la escritura y vi una oportunidad para crecer a través del esfuerzo. Primero como persona y después como profesional. Ese pequeño acto de iniciativa terminó conectándose con otros caminos, desde arrancar teachabiz – Educar para Emprender, hasta acometer doctorado en Educación Emprendedora en la Universidad Pablo de Olavide, de Sevilla.

    Ayer, por fin, después de todo este tiempo, el libro vio la luz oficialmente en su versión digital. En pocos días también en papel. Parece increíble verlo real después de tanto tiempo conviviendo con borradores y revisiones infinitas.

    📌 Detectar oportunidades no es tanto «encontrar» sino «buscar» e «interpretar» lo que ya tienes delante.

    No hay subtítulos ni notificaciones: sólo tu capacidad para leer entre líneas.

    ¿Y tú? ¿Qué oportunidad llevas tiempo mirando sin terminar de decidirte?

    (Dejo por aquí el enlace al libro por si quieres echarle un vistazo 👉 https://amzn.eu/d/3GqWTCB)

  • Esta noche he soñado con el libro…

    Esta noche he soñado con el libro…

    Pero el libro no era el libro. Era YO. El libro era yo.

    (Se ve que estoy un poquito estresaito con el tema, sí. ¿Psicólogos en la sala?).

    El caso es que en el sueño «La lección pendiente» vivía en una especie de #multiverso #Marvel, saltando de lector en lector como si fuera Flash metido en la red eléctrica (#DC, estás invitada también). Recorriendo la conexiones sinápticas de cada persona con la que interactuaba.

    En cada salto, el libro cambiaba de personalidad, tono, humor y ritmo. A veces se volvía serio, otras absurdo, a ratos profundamente reflexivo o inesperadamente divertido. Actuando «de oficio» de acuerdo a las circunstancias hasta dar el siguiente salto.

    Como #QuantumLeap (Viajeros en el tiempo), aquella serie de finales de los 80s en la que el protagonista se metía en diferentes vidas y situaciones… resolviéndolas pero saliendo transformado él mismo también.

    💡 Y he pensado: ¿no es un libro eso, en el fondo?

    Una entidad con contenido limitado, congelada en el momento en el que fue escrito, pero con la capacidad de responder preguntas muy diferentes, dependiendo de quién lo lea, cuándo, cómo, desde dónde y con qué ánimo.

    Una especie de #GPT analógico, más lento, sin actualizaciones, pero con la capacidad de generar conexiones y resonancias nuevas en cada lector.

    📌 Siempre que el lector sepa hacerle las preguntas adecuadas…

    y que compartan el suficiente espacio y tiempo.

    Un sueño raro, sí. Pero me ha resultado inspirador.

    Ojalá «La lección pendiente» dé muchos saltos en este multiverso literario. Y que cada lector lo haga suyo, como si siempre hubiera estado escrito para él o para ella.

    Por ahora sólo está en digital en Amazon, pero a mediados de la semana debería estar también en papel… debería… 🤞

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