«No pongas todos los huevos en la misma cesta.»
No son muchos los dichos del refranero popular español que te animen a hacer. A no confiar o depender de una única opción. Al contrario, este nos aconseja a diversificar riesgos, especialmente en contextos como las inversiones, los proyectos o incluso la vida profesional.
La idea es clara, por si alguien no la visualiza, si llevas todos los huevos en la misma cesta y esta se cae, los pierdes todos. Repartiéndolos, un revés puntual no lo arruina todo.
La cultura popular lo tiene claro.
Y sin embargo, la educación que recibimos, va claramente a contramano.
Suponiendo que el sistema educativo, y me centro en las fases preuniversitarias y obligatorias, nos diera algunas directrices sobre cómo será nuestra vida laboral, en ningún caso, no hasta la fecha, ni siquiera a un amigo de un amigo, se le han dado indicaciones sobre cómo llevar una vida laboral donde tienes varios trabajos, clientes, pagadores, u ocupaciones.
No se ha dado el caso. Conjunto cerrado cero.
Alguien podría incluso sorprenderse. Es bien sabido que debes encontrar un trabajo. Uno. Que satisfazca tus necesidades. Que serán las que puedas pagar con ese salario. A ser posible, para toda la vida.
De eso sí que hemos oído hablar hasta la saciedad.
No me malinterpretéis. No, no hay una asignatura en la que el tema se trate así. De frente. No, es el ejemplo, las recomendaciones y las experiencias de los que te rodean en esas épocas y los que te educan. Lo normal. Sólo alterable si en tu entorno familiar había algún anormal que se estuviera planteando la vida de formas poco fiables —léase autónomos, comerciantes, empresarios u ovejas negras varias.
La educación obligatoria, la que conozco, andaluza y española, con mis limitaciones de alcance y experiencia vital, no sólo no habla del proceso para el que nos prepara: cambiar tiempo y conocimientos por dinero. Tampoco nos muestra, describe o ejemplifica, formas de obtener esos ingresos que no pasen por un empleo estándar.
Sin duda, estamos desoyendo el saber popular en este caso.
Mi punto aquí no es que debiéramos provocar una mayor vocación de autónomos. No es lo que busco. Lo que creo que sería beneficioso sería educar en la visión de que sufragar nuestras vidas puede conseguirse muchas formas diferentes, alternativas o complementarias a la opción de trabajar para un tercero, desempeñando una labor concreta.
Después de todo, el mercado laboral tampoco es el mismo. Y no me refiero a cambios recientes precisamente.
En el libro The Fifth Age of Work de Andrew M. Jones, en el prólogo, Toni Bacigalupo decía lo siguiente:
En Nueva York, en el espacio coworking que gestiono, no es extraño que un miembro esté trabajando en una docena de proyectos diferentes al mismo tiempo. Si le pides a alguien una tarjeta de negocios, muy probablemente tendrá que rebuscar entre un taco de tarjetas para encontrar la ‘marca’ apropiada para la situación en concreto. Una misma persona podría identificarse como fundador de una startup, teletrabajador, empresario, propietario de un pequeño negocio y artista… y no estar tomándonos el pelo. Y si te diriges alguno de estos profesionales y le dices lo extraordinario que es lo que hace, probablemente sólo se encoja de hombros… Bienvenido al nuevo modelo de trabajo independiente de hoy día.
Eso era en 2013, pasaba en Nueva York, pero también sucedía en mi coworking en Sevilla en aquel entonces.
12 años después…
La realidad que describía está mucho más presente. Más normalizada. Y, sin embargo, la educación sigue siendo muy similar a la de entonces en lo referente a anticipar la realidad fuera del ámbito académico a los estudiantes.
Como diría Krahe, no todo va a ser “criticar”… y habrá que trabajar también. Aquí mis cinco céntimos…
Desde hace años, comentando este asunto, acabo diciendo que habría que crear ese espacio, un taller, un seminario, una asignatura, un evento… reservar un tiempo para reflexionar sobre esto. Yo lo llamo la asignatura de Cestería (laboral o vital) y el siguiente sería un borrador del temario:
1. Tipos de ingresos: activos, pasivos, variables, residuales. Qué significan y cómo se combinan.
2. Modelos de vida profesional: autónomo, empleado, freelance, emprendedor, inversor, rentista, creador de contenido, etc.
3. Identificación de habilidades monetizables: cómo traducir tus capacidades en posibles servicios o productos. ¿Qué valor puedes generar? Ocupaciones más rentables.
4. Economía del conocimiento: cómo funciona el mercado de ideas, formación, mentoring, divulgación. ¿Qué necesitas estudiar/hacer para vender X?
5. Diversificación vs. dispersión: cómo tener varias líneas sin perder el foco ni agotarte.
6. Gestión de tiempo y energía en modelos con múltiples fuentes de ingreso.
7. Presupuestos y finanzas personales para estructuras complejas: cuando no hay una sola nómina.
8. Fiscalidad básica multifuente: qué hay que saber si emites facturas, vendes productos o generas royalties.
9. Marca personal y reputación profesional: el hilo que puede unir tus cestas.
10. Gestión emocional del cambio y la incertidumbre: claves para no entrar en pánico cuando una fuente falla.
11. Diseño de portfolios de proyectos vitales: ver tu vida laboral como una constelación, no como una línea recta.
12. Mapas de roles y trayectorias laborales híbridas: cómo visualizar tus caminos posibles. Diseño consciente de jubilación.
¿Te imaginas?
Poder asomarte a esto entre los 14 y los 18 años. Una realidad que te espera sólo unos pasos más adelante y de la que nadie te ha hablado.
Eso sí. Decide qué vas a estudiar cuando acabes la secundaria. Date prisa. Elige. ¡Ya!, (luego veremos si la Selectividad o la nota de corte te acompañan).
Decidir, sin conocimiento, no suele llevar a ningún sitio bueno. No es difícil entender que haya tantas personas que quieran separar lo laboral de lo personal, si no pudieron decidir conscientemente. O si no les mostraron que podrían vivir de múltiples maneras. Que no sólo se puede tener UN trabajo, sino que podemos desarrollar VARIOS roles. Varias vías. Varios modos. Varios estilos para ser y vivir.
Yo tardé en interiorizar lo de los huevos y las cestas. Actualmente es mi día a día y no creo que pudiera vivir de otro modo. No obstante, sin duda, unos días de Cestería antes de la universidad, me habrían iluminado mucho antes parte del camino que luego tuve que recorrer a ciegas.
¿Y a ti?
La lección pendiente también habla de esto.
De las cestas que nadie nos enseñó a tejer. De todo lo que debería estar en el currículo y no está. De pensar la vida (y el trabajo) con más preguntas que respuestas.
Si este ensayo te ha resonado, quizá el libro también te acompañe. 📖 https://amzn.eu/d/9yLHl9k



















