Etiqueta: educación

  • Cestería 101: la asignatura que no existe y que podría haberte cambiado la vida

    Cestería 101: la asignatura que no existe y que podría haberte cambiado la vida

    «No pongas todos los huevos en la misma cesta.»

    No son muchos los dichos del refranero popular español que te animen a hacer. A no confiar o depender de una única opción. Al contrario, este nos aconseja a diversificar riesgos, especialmente en contextos como las inversiones, los proyectos o incluso la vida profesional.

    La idea es clara, por si alguien no la visualiza, si llevas todos los huevos en la misma cesta y esta se cae, los pierdes todos. Repartiéndolos, un revés puntual no lo arruina todo.

    La cultura popular lo tiene claro.

    Y sin embargo, la educación que recibimos, va claramente a contramano.

    Suponiendo que el sistema educativo, y me centro en las fases preuniversitarias y obligatorias, nos diera algunas directrices sobre cómo será nuestra vida laboral, en ningún caso, no hasta la fecha, ni siquiera a un amigo de un amigo, se le han dado indicaciones sobre cómo llevar una vida laboral donde tienes varios trabajos, clientes, pagadores, u ocupaciones.

    No se ha dado el caso. Conjunto cerrado cero.

    Alguien podría incluso sorprenderse. Es bien sabido que debes encontrar un trabajo. Uno. Que satisfazca tus necesidades. Que serán las que puedas pagar con ese salario. A ser posible, para toda la vida.

    De eso sí que hemos oído hablar hasta la saciedad.

    No me malinterpretéis. No, no hay una asignatura en la que el tema se trate así. De frente. No, es el ejemplo, las recomendaciones y las experiencias de los que te rodean en esas épocas y los que te educan. Lo normal. Sólo alterable si en tu entorno familiar había algún anormal que se estuviera planteando la vida de formas poco fiables —léase autónomos, comerciantes, empresarios u ovejas negras varias.

    La educación obligatoria, la que conozco, andaluza y española, con mis limitaciones de alcance y experiencia vital, no sólo no habla del proceso para el que nos prepara: cambiar tiempo y conocimientos por dinero. Tampoco nos muestra, describe o ejemplifica, formas de obtener esos ingresos que no pasen por un empleo estándar.

    Sin duda, estamos desoyendo el saber popular en este caso.

    Mi punto aquí no es que debiéramos provocar una mayor vocación de autónomos. No es lo que busco. Lo que creo que sería beneficioso sería educar en la visión de que sufragar nuestras vidas puede conseguirse muchas formas diferentes, alternativas o complementarias a la opción de trabajar para un tercero, desempeñando una labor concreta.

    Después de todo, el mercado laboral tampoco es el mismo. Y no me refiero a cambios recientes precisamente.

    En el libro The Fifth Age of Work de Andrew M. Jones, en el prólogo, Toni Bacigalupo decía lo siguiente:

    En Nueva York, en el espacio coworking que gestiono, no es extraño que un miembro esté trabajando en una docena de proyectos diferentes al mismo tiempo. Si le pides a alguien una tarjeta de negocios, muy probablemente tendrá que rebuscar entre un taco de tarjetas para encontrar la ‘marca’ apropiada para la situación en concreto. Una misma persona podría identificarse como fundador de una startup, teletrabajador, empresario, propietario de un pequeño negocio y artista… y no estar tomándonos el pelo. Y si te diriges alguno de estos profesionales y le dices lo extraordinario que es lo que hace, probablemente sólo se encoja de hombros… Bienvenido al nuevo modelo de trabajo independiente de hoy día.

    Eso era en 2013, pasaba en Nueva York, pero también sucedía en mi coworking en Sevilla en aquel entonces.

    12 años después…

    La realidad que describía está mucho más presente. Más normalizada. Y, sin embargo, la educación sigue siendo muy similar a la de entonces en lo referente a anticipar la realidad fuera del ámbito académico a los estudiantes.

    Como diría Krahe, no todo va a ser “criticar”… y habrá que trabajar también. Aquí mis cinco céntimos…

    Desde hace años, comentando este asunto, acabo diciendo que habría que crear ese espacio, un taller, un seminario, una asignatura, un evento… reservar un tiempo para reflexionar sobre esto. Yo lo llamo la asignatura de Cestería (laboral o vital) y el siguiente sería un borrador del temario:

    1. Tipos de ingresos: activos, pasivos, variables, residuales. Qué significan y cómo se combinan.

    2. Modelos de vida profesional: autónomo, empleado, freelance, emprendedor, inversor, rentista, creador de contenido, etc.

    3. Identificación de habilidades monetizables: cómo traducir tus capacidades en posibles servicios o productos. ¿Qué valor puedes generar? Ocupaciones más rentables.

    4. Economía del conocimiento: cómo funciona el mercado de ideas, formación, mentoring, divulgación. ¿Qué necesitas estudiar/hacer para vender X?

    5. Diversificación vs. dispersión: cómo tener varias líneas sin perder el foco ni agotarte.

    6. Gestión de tiempo y energía en modelos con múltiples fuentes de ingreso.

    7. Presupuestos y finanzas personales para estructuras complejas: cuando no hay una sola nómina.

    8. Fiscalidad básica multifuente: qué hay que saber si emites facturas, vendes productos o generas royalties.

    9. Marca personal y reputación profesional: el hilo que puede unir tus cestas.

    10. Gestión emocional del cambio y la incertidumbre: claves para no entrar en pánico cuando una fuente falla.

    11. Diseño de portfolios de proyectos vitales: ver tu vida laboral como una constelación, no como una línea recta.

    12. Mapas de roles y trayectorias laborales híbridas: cómo visualizar tus caminos posibles. Diseño consciente de jubilación.

    ¿Te imaginas?

    Poder asomarte a esto entre los 14 y los 18 años. Una realidad que te espera sólo unos pasos más adelante y de la que nadie te ha hablado.

    Eso sí. Decide qué vas a estudiar cuando acabes la secundaria. Date prisa. Elige. ¡Ya!, (luego veremos si la Selectividad o la nota de corte te acompañan).

    Decidir, sin conocimiento, no suele llevar a ningún sitio bueno. No es difícil entender que haya tantas personas que quieran separar lo laboral de lo personal, si no pudieron decidir conscientemente. O si no les mostraron que podrían vivir de múltiples maneras. Que no sólo se puede tener UN trabajo, sino que podemos desarrollar VARIOS roles. Varias vías. Varios modos. Varios estilos para ser y vivir.

    Yo tardé en interiorizar lo de los huevos y las cestas. Actualmente es mi día a día y no creo que pudiera vivir de otro modo. No obstante, sin duda, unos días de Cestería antes de la universidad, me habrían iluminado mucho antes parte del camino que luego tuve que recorrer a ciegas.

    ¿Y a ti?


    La lección pendiente también habla de esto.

    De las cestas que nadie nos enseñó a tejer. De todo lo que debería estar en el currículo y no está. De pensar la vida (y el trabajo) con más preguntas que respuestas.

    Si este ensayo te ha resonado, quizá el libro también te acompañe. 📖 https://amzn.eu/d/9yLHl9k

  • Introspección y Propósito

    Introspección y Propósito

    Viernes raro. Semana rara. Hay varias de estas en el año. Algunas provechosas, otras, cascarón de huevo. Aún no tengo claro cómo clasificar esta.

    Salvando las anomalías, el desayuno ha vuelto a ser, como tantas veces, un espacio más productivo de lo que podría esperarse.

    Una terraza con tostadas y café donde la conversación se asoma a lo esencial. Hablábamos de educación. De emprendimiento. Y siempre, de una nube de conceptos entrelazados que conectan lo personal con lo laboral y lo íntimo con lo social.

    Reflexionamos sobre la importancia del hecho de habitarse, de conocerse, antes de enseñar o emprender. No sé si como paso previo o como ingrediente base en cualquier receta. Hablamos sobre que todo empieza por dentro. Y sobre que la introspección —esa palabra que suena a retiro espiritual y a silencio incómodo— es quizás la herramienta más valiosa que tenemos para entender la vida que llevamos… y la o las que podríamos llevar.

    Mirada interior que se dirige a los propios actos o estados de ánimo.

    ¿Cómo eliges sin conocerte? ¿Cómo educas, cómo emprendes, cómo te relacionas, cómo decides? ¿Cómo sostienes lo que haces si no sabes desde dónde lo haces?

    De ahí a hablar del propósito había sólo medio sorbo. Un término que se ha desgastado en discursos motivacionales y en memes de Instagram, pero que sigue señalando una necesidad real: saber por qué haces lo que haces. Y, si no lo sabes, al menos preguntártelo.

    Siempre con matices. El propósito no es una iluminación definitiva. No es una verdad revelada que te llega a los 25 (o cuando te llegue) y te acompaña como un ángel de la guarda hasta el final. El propósito —si es que existe— debe ser algo transitorio, ¿no? Si asumimos el cambio como algo permanente y constante… el propósito también debería modificarse con los años, con los duelos, con los hijos, con las noches en vela y los aprendizajes. Tendría que cambiar cuando tú cambias.

    Más que una meta, donde llegar y sentarse, el propósito, a mí me sabe a brújula. Una que no apunta al norte sino hacia dentro. Una dirección misteriosa, difícil de ver en el mapa. Una pregunta que no se responde con palabras, sino a golpe de decisiones.

    Está claro que tiene implicaciones laborales (es dónde más se suele hablar del tema). Pero también personales. Y familiares. Y sociales. Porque cuando actúas desde lo que realmente te mueve —aunque no puedas nombrarlo bien, aunque no encaje en una frase bonita—, todo adquiere otra densidad. Lo que haces pesa más. También el modo en que esas acciones se conectan contigo.

    Cuando no hay un hilo que seguir, cualquier cosa tira de ti. Las urgencias de fuera ocupan el espacio de las preguntas de dentro. Vivimos haciendo, sin saber para qué. Y eso… cansa más que el trabajo.

    Eso que llamamos propósito podría no ser más que una intuición transitoria sostenida. Un hilo que seguimos. Una coherencia frágil pero luminosa, en cuya ausencia todo se oscurece.

    Conste que para mí, el mío, es una colección de sospechas y no me preocupé por él hasta bastante tarde. No sería capaz de retratarlo. Tal vez sí de acorralarlo. Puedo percibirlo como un vector de movimiento dentro de una nube de puntos. Algo es algo… he podido estar mucho más perdido.

    A falta de tener la certeza de haberlo encontrado, creo que no hay camino más directo que mirar dentro. No con obsesión, pero sí con honestidad. No con la intención de tener todas las respuestas, sino con el coraje de no ignorar las preguntas y superar el interrogatorio. Sin trampas.

    Es una fantástica manera de tomar consciencia de nuestros sesgos y de nuestras razones para hacer. Afecten éstos y éstas al modo en el que enseñamos o a los compromisos laborales o emprendimientos en los que nos embarcamos.

    Así que sí: hoy ha sido viernes. Un viernes raro, de semana extraña, en una ciudad compleja. Pero también un viernes con sentido. Porque a veces, entre tostadas y cafés con hielo, aparecen las preguntas que importan. Y eso ya le da sentido a cualquier día, por muy atípico que sea.


    BONUS TRACK:

    Me he animado a hacer una cancioncita sobre el tema: https://ilovesong.ai/work/5280356-7c14a889-cd7f-4c72-a56a-9b0986c572c2


    En La lección pendiente he reunido un puñado de ensayos reflexivos y divergentes, mezclando educación y emprendimiento. Si te ha diviertido esto, puede que también te divierta eso: https://amzn.eu/d/bBTAadq

  • Feria y Networking: cuando el rebujito conecta más que LinkedIn

    Feria y Networking: cuando el rebujito conecta más que LinkedIn

    La Feria de Sevilla no nació como una fiesta.

    En 1254, Alfonso X el Sabio otorgó a la ciudad el privilegio de celebrar dos ferias anuales, una en abril y otra en septiembre, con el objetivo de dinamizar el comercio local tras años difíciles. Siglos después, en 1846, los concejales José María Ybarra y Narciso Bonaplata propusieron al Ayuntamiento recuperar estas ferias, y en 1847 se celebró la primera Feria de Abril en el Prado de San Sebastián.

    La de septiembre tal vez habría que recuperarla también, ¿no? 🙂

    Desde entonces, la Feria ha evolucionado, pero su esencia como punto de encuentro se mantiene. Hoy, entre sevillanas y rebujitos, sigue siendo un espacio donde se tejen relaciones personales y profesionales.

    En las casetas, las conversaciones fluyen sin la rigidez de una sala de reuniones. No hay tarjetas de visita, pero sí reencuentros que pueden derivar en colaboraciones futuras. Es un recordatorio de que el capital social se construye también en entornos informales, donde la autenticidad prevalece sobre la formalidad.

    Hoy, más de 175 años después, las reses han dado paso a las luces de colores, al albero y al “¿nos vemos en la caseta?”. Pero la esencia permanece: la Feria sigue siendo un lugar para el encuentro, para hacer relaciones, para detectar oportunidades. Sigue siendo, en el fondo, un enorme espacio de networking. A veces, basta con estar presente, compartir una conversación sincera y dejar que las conexiones surjan de manera natural.

    Si giramos un poquito de lado la cabeza y entornamos los ojos, podríamos ser capaces de identificar comportamientos que nos podrían recordar a algunas competencias básicas del EntreComp. Sé que soy muy friki con el tema pero, permíteme que te deje mis gafas:

    Identificar oportunidades

    Sí, hay farolillos. Sí, hay rebujito. Pero más allá del catavino verá también otra cosa: ideas en movimiento. A veces no hace falta una pizarra blanca, basta con una conversación en el albero. Proyectos que se mencionan al paso, propuestas que surgen con una jarra compartida, colaboraciones que se insinúan entre sevillanas. La Feria es una incubadora social donde se detectan tendencias, se cruzan mundos y, si estás atento, se te podría enceder alguna bombillita.

    Tomar la iniciativa

    Lo más difícil muchas veces es acercarse. Romper el hielo. Atreverse a decir “¿tú no eras fulano del evento aquel?”. Pero en Feria todo es más fluido. Quizás por la cercanía, tal vez por el compás o puede que porque el contexto lo pone fácil. Sea como fuera, aquí tomar la iniciativa es una habilidad que se puede practicar sin presión. Y sin que nadie te mire raro por hacerlo (depende de cómo vayas…). Se trata, simplemente, de atreverse a abrir conversaciones con intención, aunque el traje sea de flamenca.

    Gestionar la incertidumbre

    La Feria es todo menos previsible. Quedas con alguien y se cruza con tres conocidos antes de llegar. Te dicen “voy pa’ allá” o «estoy llegando» y aparecen dos horas más tarde. Pero eso también es parte del juego. Y como en la vida profesional, la incertidumbre aquí no se evita: se capea. Saber adaptarte, leer los tiempos, fluir con lo que sucede y aprovechar lo inesperado… es una coreografía que muchos profesionales deberían ensayar más a menudo.

    Movilizar a otros

    ¿Sabes quién tiene la caseta perfecta? ¿Quién conoce a esa persona con la que llevas meses queriendo hablar? ¿Quién te presenta a alguien con quien compartes interés sin saberlo? Exacto: ese amigo, familiar, compañero o colega que se convierte en nodo entre realidades. En la Feria, movilizar a otros no pasa por grandes discursos, sino por pequeños gestos: un “vente”, un “te presento a…”, un “tenéis que hablar”. Son dinámicas naturales, pero con un potencial brutal si sabes practicarlas.

    Trabajar con otros

    En Feria no se trabaja… ¿seguro? Porque moverse en grupo, llegar a acuerdos informales, cuidar los tiempos de cada quien, adaptarse a los ritmos colectivos y, sobre todo, saber disfrutar sin perder el foco, también es trabajo. Trabajo blando. Trabajo emocional. Trabajo colaborativo. Y es justamente el que muchas veces más falta hace cuando queremos construir comunidad o avanzar profesionalmente.

    ¿Qué podemos sacar de esto?

    Que no hace falta llamar “networking” a algo para que lo sea. Que la productividad no siempre es gris. Que hay contextos, como la Feria, donde lo personal y lo profesional se dan la mano —literalmente— y, cuando eso ocurre, el aprendizaje es otro. Más sutil, más relacional, más humano.

    La Feria también es productividad. Solo que disfrazada de lunares.

    Y que sí: la Feria también educa. No con apuntes, sino con experiencias. No con PowerPoints, sino con conversaciones reales. Si le aplicas mirada emprendedora, te darás cuenta de que durante una semana al año, Sevilla se convierte en el congreso más alegre del mundo.


    En La lección pendiente encontrarás muchas más reflexiones sobre cómo el emprendimiento —y el aprendizaje que lo acompaña— aparece en los lugares más insospechados: en un aula, en una sobremesa, en un campamento scout o incluso en una película. Porque emprender, al final, es una forma de mirar. Y está en todas partes, si sabes dónde enfocar. Puedes encontrar el libro en Amazon y sumarte a la conversación.

    https://amzn.eu/d/9yLHl9k

  • ¿Formar para ayer? ¿o para mañana?

    ¿Formar para ayer? ¿o para mañana?

    ¿Y si emprender no fuera sólo una cuestión de montar empresas, sino de cultivar las habilidades que más van a importar en el futuro?

    En la gráfica del World Economic Forum sobre las “Core Skills for 2030” lo deja claro: lo que más van a valorar las empresas no es sólo saber de tecnología, sino saber pensar, conectar, adaptarse y aprender.

    Lo más demandado en 2030 se parece mucho a los pilares y competencias trabajadas en la Educación Emprendedora.

    Entre esas competencias aparecen joyas como:

    • 🤓​ Pensamiento analítico (entender el problema antes de resolverlo)
    • 🔍​ Curiosidad y aprendizaje continuo (emprender como forma de aprender)
    • 💪 Resiliencia y flexibilidad (pivotar no es fallo, es evolución)
    • 👉 ​​Liderazgo y conciencia de uno mismo (liderar con propósito, no con ego)
    • 👂 Empatía y escucha activa (sin cliente, no hay propuesta de valor)
    • 🧠​ Pensamiento sistémico (ver el bosque y no solo los árboles)

    🏛️​ Pilares de cualquier programa serio de Educación Emprendedora.

    Emprender no debe verse sólo como crear empresas. Es crear futuros posibles. Es aprender a vivir, a decidir, a imaginar, a fallar y a volver a intentarlo con otra mirada.

    La pregunta no es si el emprendimiento debe estar en las aulas.

    La pregunta es: ¿cómo podemos permitirnos no enseñarlo?

    Si estás enseñando emprendimiento, estás enseñando el futuro. Y si no lo estás haciendo aún… en Teachabiz – Educar para Emprender estamos para ayudarte.

    🌱 Y si te apetece una lectura diferente, provocadora y honesta sobre todo esto, puedes empezar por La lección pendiente. Disponible ya en Amazon: https://amzn.to/3J7Yw3K

    #educaciónemprendedora #skills2030 #teachabiz #entrecomp #docencia #futurodeltrabajo #emprenderesaprender #lalecciónpendiente

  • A veces se gana, otras veces se aprende

    A veces se gana, otras veces se aprende

    Ayer no publiqué. La semana fue intensa, con una agenda complicada que acabó estrangulando el tiempo de escribir. Sin embargo, esa pausa (y esa agenda) me brindaron un buen tema de reflexión.​

    Acompañé (ayer y las dos semanas previas) a dos equipos de jóvenes, de entre 11 y 13 años, en la defensa de sus proyectos emprendedores. Primero, en una simulación de feria con stand y posterior presentación formal con pitch, jurado y todos sus avíos.

    Ninguno de los equipos obtuvo el primer puesto en su categoría.​

    Para algunos, esto podría interpretarse como un fracaso. Pero mí perspectiva es distinta.

    Aunque no lograron el reconocimiento máximo, los aprendizajes y experiencias obtenidos son invaluables. Como bien dice John C. Maxwell, experto en liderazgo: «A veces se gana, otras veces se aprende».​

    5 aprendizajes clave que se llevaron estos jóvenes:

    > Resiliencia ante la adversidad: Enfrentar desafíos y no obtener el resultado esperado les enseña a manejar la frustración y a seguir adelante.​

    > Importancia del trabajo en equipo: Colaborar, escuchar y aportar en conjunto fortalece la cohesión y eficacia del grupo.​

    > Habilidades de comunicación: Presentar ideas de manera clara y persuasiva es esencial en cualquier ámbito.​

    > Adaptabilidad: Aprender a ajustarse a diferentes situaciones y feedback es crucial para el crecimiento personal y profesional.​

    > Valor del esfuerzo continuo: Entender que el éxito no siempre es inmediato y que cada intento suma en el camino hacia las metas.​

    Estas experiencias tempranas moldean el carácter y preparan a los jóvenes para futuros retos. Como señaló Samuel Beckett: «Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor.»​

    En #educación y #emprendimiento, no se trata sólo de ganar, sino de crecer con cada experiencia. Cada paso, incluso los que parecen retrocesos, nos acerca más a nuestras metas.​

    Además, es fundamental comprender que la conclusión de una acción o proyecto no representa el final, sino el inicio de nuevas oportunidades. Cada experiencia, independientemente de su resultado, abre puertas a aprendizajes y caminos que antes no habíamos considerado.​

    Más allá de los resultados inmediatos, lo esencial es el proceso y las posibilidades que se generan a partir de él. Cada final es, en realidad, un nuevo comienzo.​

    Esto me recuerda a uno de los capítulos de #Lalecciónpendiente, donde exploro cómo el aprendizaje auténtico surge precisamente en estos momentos de incertidumbre y transición.​

    📘 Si te interesa profundizar en estas ideas, te invito a explorar #Lalecciónpendiente, donde comparto más sobre cómo convertir cada experiencia en una oportunidad de crecimiento: https://amzn.eu/d/dH8G6RC

    ¡Y buen fin de semana!

    #EducaciónEmprendedora #Aprendizaje #LaLecciónPendiente

  • El descanso también es una decisión emprendedora

    El descanso también es una decisión emprendedora

    Durante años fui un #workaholic de libro. Y lo llevaba con orgullo. Trabajar fines de semana, noches, festivos… era mi manera de demostrar compromiso. De estar “a la altura”. De ganar respeto. De demostrarme a mí mismo que podía con todo. También de expresarme…

    Hoy no reniego de aquella etapa. En ocasiones no tengo claro si he salido de ella. Pero sí tengo instalada una especie de supraconciencia que vigila e intenta protegerme. Porque he aprendido que hay cosas que, una vez perdidas, no se recuperan. Y una de ellas es el sueño. Las necesarias horas de sueño. Y no sólo el literal, también el simbólico. El descanso profundo. La paz. El espacio interior para sentir, pensar y simplemente ser sin tener que rendir.

    Lo veo constantemente en autónomos y profesionales por cuenta propia, que son la Unidad Mínima de Emprendimiento. Cuando tú eres el negocio, el proyecto y quien lo ejecuta… ¿cómo paras? ¿Cómo priorizarte sin sentir que estás dejando desatendido tu propio sueño?

    Ahí es donde entra una de las competencias más personales del marco #ENTRECOMP: #autoconciencia y #autoeficacia. No es sólo saber en qué eres bueno. Es saber cómo estás. Qué recursos reales tienes hoy (no los que proyectas). Qué emociones te están gritando desde dentro. Qué cosas estás sacrificando sin darte cuenta.

    La #introspección no puede ser un lujo. Es una necesidad. Emprender tensiona la seguridad y la valía de uno mismo hasta límites poco conocidos. Pones en juego no sólo lo que sabes hacer, sino lo que crees que eres. Y eso te obliga a mirar hacia dentro. A enfrentarte a dudas que no sabías que tenías. A sostenerte cuando nadie más te está mirando.

    No es casualidad la cantidad de libros de autoayuda y desarrollo personal que se consumen y recomiendan en el ámbito emprendedor…

    No puedo hablar desde la experiencia directa, pero muchas veces pienso que emprender se parece —en el fondo— a hacer la mili. No por la forma, ni por la función. Sino porque es una experiencia de paso. Una prueba de resistencia emocional. Una confrontación con uno mismo que transforma.

    Si todo el mundo pasara por la experiencia de emprender un negocio… quizás muchas cosas funcionarían distinto en esta sociedad.

    En #Lalecciónpendiente hay mucho de eso. De cómo emprender no es sólo crear algo útil para el mundo. Es también crearse a uno mismo mientras lo intentas.

    ¡Buen fin de semana!

    🟡 ¿Te estás escuchando de verdad… o sólo sobreviviendo al ruido?

    📘 Si esto te remueve, #Lalecciónpendiente quizás también lo haga: https://amzn.eu/d/gr9Jw2n

  • ¿Negocios grises? No, gracias.

    ¿Negocios grises? No, gracias.

    Una de las competencias del marco #ENTRECOMP que menos habituados podemos estar en trabajar es, paradójicamente, una de las más importantes: pensamiento ético y sostenible. Porque emprender no es sólo identificar oportunidades o monetizarlas. También es decidir qué tipo de impacto queremos generar y como nos gustaría ser percibidos.

    Esta semana, entre clases, debates en Teachabiz – Educar para Emprender y conversaciones con compañeros, vuelve a aparecer un tema desapeticible: la normalización de prácticas grises en el ámbito profesional, empresarial y emprendedor.

    Hay sectores donde trabajar en negro, tener contabilidad B o “arreglar las cosas por fuera” se ha convertido en costumbre. No es la excepción, es casi la forma de operar por defecto. Como si la ética fuese un lujo, y la picaresca, un superpoder. Como si saltarte las reglas te hiciera mejor profesional. Más «espabilao». Más rápido.

    Pero cuando emprendemos desde esa lógica, no sólo erosionamos la confianza del sector o ecosistema, también lanzamos un mensaje claro: “Aquí caben los listillos”. Y eso, tarde o temprano, pasa factura. A todos.

    Porque los negocios grises no son sostenibles (ni éticos). No consolidan relaciones. No construyen reputación. No atraen talento bueno, ni clientes fieles, ni oportunidades sólidas. Son castillos en el aire. Y además —y esto se dice poco— copiarlos sólo requiere ajustar nuestro estómago.

    En cambio, construir desde la ética y la sostenibilidad, con coherencia, sí crea barreras de entrada.

    Porque hacerlo bien, hacerlo limpio, hacerlo pensando en el largo plazo… no es fácil.

    Y eso te protege.

    En #Lalecciónpendiente hablo sobre esto: de cómo la ética no es una etiqueta, sino una ventaja. De cómo emprender con principios no es ingenuidad, sino estrategia. Y de cómo no todo vale… sobre todo si quieres que lo que haces valga de verdad y tenga un futuro en el largo plazo.

    🟡 ¿Qué prácticas “de toda la vida” están limitando tu negocio más de lo que crees?

    📘 Si estas reflexiones te resuenan, aquí te dejo La lección pendiente: https://amzn.eu/d/gr9Jw2n

  • Un emprendedor no basta

    Un emprendedor no basta

    Esta tarde he estado impartiendo una nueva edición del programa #Eureka! HUB en el Colegio Internacional de Sevilla San Francisco de Paula, con un grupo de alumnos de Y9 (14 años) dentro del PAI por competencias. Llevan años participando en los programas #Eureka! (Y5, Y6, Y7, Y8), así que no les suena raro lo de desarrollar proyectos, prototipar, identificar problemas, modelar soluciones…

    Y sin embargo, ahora que estamos en las primeras sesiones de un nuevo proyecto, surge una realidad conocida: que por bueno que sea el producto o servicio, el equipo y su coordinación son vitales para el trabajo y el avance.

    Trabajar en equipo es algo que este Colegio fomenta desde etapas muy tempranas a un altísimo nivel. Sin embargo cada nuevo reto, cada nuevo equipo, lo pone a prueba y genera nuevas oportunidades de autoconocimiento y crecimiento. Y eso me recuerda, inevitablemente, al mundo laboral. A las startups y a las empresas más sencillas (si es que existe tal cosa). A esos entornos donde seguimos hablando de “alguien emprendedor”, cuando en realidad ningún proyecto sostenible se construye en soledad.

    > Emprender no es un camino solitario.

    >Es un deporte de equipo.

    Por muy buena que sea tu visión, por muy claro que tengas el producto o el mercado, si no eres capaz de rodearte de personas complementarias, de coordinarte, de confiar, de ceder, de dejarte desafiar… de delegar… tu idea no llegará muy lejos. O peor aún: llegará, y tal vez te encuentres solo.

    En #Lalecciónpendiente reflexiono sobre esta figura del emprendedor solitario que tanto daño hace. Y sobre cómo enseñar emprendimiento no debería centrarse en forjar héroes, sino en enseñar a convivir en la incertidumbre con otros, sumando inteligencias, talentos y sensibilidades distintas.

    🟡 ¿Con quién cuentas tú cuando todo se tambalea? ¿Y quién cuenta contigo? ¿Has identificado ya quiénes forman tu EQUIPO?

    📘 En #Lalecciónpendiente hablo mucho de estos temas: de cómo enseñar, emprender y construir sin olvidarnos de los demás. Si te apetece, lo tienes aquí: https://amzn.eu/d/gr9Jw2n

  • Tomar la iniciativa no es lo mismo que estar ocupado

    Tomar la iniciativa no es lo mismo que estar ocupado

    Hay una trampa habitual y muy sutil que puede acompañar a muchas personas inquietas. Es la trampa de la actividad. Hacer muchas cosas puede parecer tomar la iniciativa, pero no siempre lo es.

    He conocido a muchos alumnos, compañeros y profesionales que encadenan tareas, eventos, reuniones, cursos, correos, documentos… como si eso bastara para construir algo. Yo mismo tengo períodos de este tipo de los que intento escapar lo más rápido posible. Pero tomar la iniciativa de verdad no es dedicar tiempo a muchas cosas, sino acometer con sentido.

    Es preguntarse:

    > ¿Qué problema quiero resolver? ¿Para qué?

    > ¿Qué quiero provocar en el mundo? ¿Cuál es mi objetivo?

    > ¿Dónde pongo mi energía de verdad? ¿Tengo esa energía?

    Y sobre todo:

    > ¿Cuál va a ser mi plan para conseguirlo?

    Hay que tener mucho valor para parar, aunque sea un momento, y mirar. Para no dejarse llevar por la corriente. Para proponer algo aunque no esté del todo claro. Para asumir que quizá no nos aplaudan de primeras. Pero quien no toma la iniciativa se queda esperando a que otro defina lo importante. Malgastando tiempo y vida.

    En #Lalecciónpendiente hablo de cómo educamos en un sistema que a menudo premia lo reactivo por encima de lo proactivo. Que prepara para ejecutar, no para imaginar. Y esa carencia no se resuelve con más contenido, sino con más conciencia.

    En línea con lo que comentábamos la semana pasada sobre la creatividad, imaginar no tiene edad. No es infantil. Es un ingrediente clave para cosas tan «adultas» como el pensamiento estratégico. La base de metodologías como el #futurethinking. Al tiempo que resulta fundamental si queremos organizar una barbacoa… 🥩 🥓 🔥

    Educar para emprender no debe estar centrado únicamente en formar emprendedores, sino cultivar en cada persona la capacidad de dar el primer paso cuando nadie más lo da. Esa es la verdadera iniciativa. Y también, la que más transforma: personas, colectivos, empresas y sociedades.

    🟡 ¿Cuánto tiempo hace que no tomas la iniciativa de verdad?

    📘 ¿Te resuena?, en tal caso, puedes echarle un ojo a La lección pendiente donde ensayo sobre este y otros temas relacionados con la educación y el emprendimiento. Lo tienes aquí: https://amzn.eu/d/gr9Jw2n

  • Movilizando recursos: la letra pequeña del DIY

    Movilizando recursos: la letra pequeña del DIY

    Hoy ya está lista la versión en papel de La lección pendiente 🥳
    >>> https://amzn.eu/d/8m8uPQB

    Autopublicar ha significado mucho más que conseguir un ISBN o diseñar una portada. Ha implicado gestionar y movilizar recursos personales, técnicos y emocionales. Una especie de MBA exprés en autopublicación (eso sí, sin diploma ni toga).

    Mientras abordaba cada tarea, pensaba en todas esas asignaturas tradicionales que cursamos en la formación obligatoria, que pocas veces nos explicaron desde un enfoque real y aplicado al día a día laboral:

    📌 ¿Diseñar la portada? Para Plástica que se llamaba en mi época, o mejor aún, una clase específica de Diseño Gráfico. ¿Te imaginas?

    📌 ¿Escribir con claridad, comunicar ideas complejas? ¿Adaptar el texto al público objetivo? Lengua y Literatura, pero con enfoque comunicativo aplicado, no sólo análisis literarios.

    📌 ¿Promocionar en redes sociales? También para Lengua, ¿no? ¿O usar el lenguaje para vender no está bonito? Un poquito de Marketing básico no estaría mal para ayudar a los estudiantes a gestionar de verdad sus redes y su futura marca personal. Las herramientas ya las tienen, pero sin instrucciones.

    📌 ¿Elegir nombre (naming) o tipografía? Comunicación o Identidad Visual, en lugar de limitarnos a usar Arial… o Comic Sans en Word. Plástica también valdría para esto.

    📌 ¿Ponerle precio al libro? Matemáticas aplicadas o Economía real, costes fijos, variables, margen, amortización… no es una empresa pero un libro es casi tan claro con la simulación del puesto de limonada.

    📌 ¿Gestión del proyecto editorial? Eso podría haber sido un Proyecto Basado en el Aprendizaje (PBL) perfecto para clase. Transversal. Multidiciplinar.

    Precisamente una de las apuestas clave en La lección pendiente va en esa dirección: no tanto ampliar el espacio específico de la «iniciativa emprendedora» como asignatura aislada, sino integrar la iniciativa emprendedora en todos los saberes tradicionales.

    Por ejemplo, que cuando estudiemos microbios en Biología, nos cuenten también cómo podríamos ganarnos la vida trabajando en un laboratorio de análisis, o que cuando hablemos sobre animales, nos expliquen las distintas opciones profesionales que tiene un veterinario. Por ejemplo.

    La iniciativa emprendedora debería ser transversal, una mirada práctica presente en toda la educación, y no una asignatura aparte. Trabajar de adultos no parece ser algo opcional para la gran mayoría de personas. Tendría sentido preocuparse por ello lo antes posible.

    🎸 Es como si en Música no sólo aprendiéramos solfeo, sino también cuánto gana un bajista por cada disco vendido o por qué, para muchos músicos, es más rentable un concierto que vender mil copias de un álbum.

    📌 ¿En qué otras asignaturas crees que podríamos incluir este tipo de aprendizajes prácticos (y económicos) sobre cómo poner esos conocimientos en uso?