Lo de «Entonces no eres mi cliente» es algo cada vez más habitual de escuchar y me parece bien. Haber descartado en buena medida lo de «mi cliente es todo el mundo» es un pequeño paso para la Humanidad pero un gran paso para el Emprendimiento nacional.
Sin embargo, esta hazaña, puede esconder en muchos casos algo más preocupante como no haber definido correctamente el PROBLEMA en un primer momento. En este caso… lo del cliente tendrá pocas probabilidades de resolverse con éxito.
Un emprendedor (probablemente cualquiera de nosotros en algún momento) decía: “Mi problema es que no vendo.”
Pero ese no era su problema.
Su problema tenía más que ver con lo que CREÍA que estaba resolviendo y el valor que la gente percibía que podía obtener a partir de su producto/servicio.
Ni siquiera él lo tenía claro del todo.
Cada vez que alguien me dice cuál es su problema, lo primero que hago es cambiarle el nombre. O el marco como dicen en inglés… reframe it! Porque nominar mal un problema es como ponerle la dirección equivocada a una carta: no importa cuántos sellos le pongas, nunca va a llegar.
En mi trabajo —ya sea en talleres, consultorías o eventos— no suelo dar respuestas. Doy e intento provocar mejores preguntas.
Preguntas que obliguen a cambiar el foco, que reordenan las piezas, que hacen que todo suene distinto. Sin añadir nuevos ingredientes. Sólo siendo más conscientes de los que están.
Porque cuando cambias la mirada, cambian las decisiones. Y cuando cambia la decisión, cambia la acción. Y entonces, sí: cambia el resultado.
A veces, lo único que te hace falta no es más esfuerzo, ni más recursos, ni siquiera más ideas.
Sólo unas gafas nuevas.
De eso hablo, entre otras cosas, en #Lalecciónpendiente (https://amzn.eu/d/iEUZusz), en un capítulo que se titula justo así: Unas gafas nuevas.
Ahí cuento cómo ver distinto no es una opción, sino una urgencia si queremos aprender —y emprender— de verdad.
¿Tú también necesitas unas gafas nuevas? ¿O ya las tienes pero no sabes cómo usarlas?

