Categoría: Lanzamiento

  • Feria y Networking: cuando el rebujito conecta más que LinkedIn

    Feria y Networking: cuando el rebujito conecta más que LinkedIn

    La Feria de Sevilla no nació como una fiesta.

    En 1254, Alfonso X el Sabio otorgó a la ciudad el privilegio de celebrar dos ferias anuales, una en abril y otra en septiembre, con el objetivo de dinamizar el comercio local tras años difíciles. Siglos después, en 1846, los concejales José María Ybarra y Narciso Bonaplata propusieron al Ayuntamiento recuperar estas ferias, y en 1847 se celebró la primera Feria de Abril en el Prado de San Sebastián.

    La de septiembre tal vez habría que recuperarla también, ¿no? 🙂

    Desde entonces, la Feria ha evolucionado, pero su esencia como punto de encuentro se mantiene. Hoy, entre sevillanas y rebujitos, sigue siendo un espacio donde se tejen relaciones personales y profesionales.

    En las casetas, las conversaciones fluyen sin la rigidez de una sala de reuniones. No hay tarjetas de visita, pero sí reencuentros que pueden derivar en colaboraciones futuras. Es un recordatorio de que el capital social se construye también en entornos informales, donde la autenticidad prevalece sobre la formalidad.

    Hoy, más de 175 años después, las reses han dado paso a las luces de colores, al albero y al “¿nos vemos en la caseta?”. Pero la esencia permanece: la Feria sigue siendo un lugar para el encuentro, para hacer relaciones, para detectar oportunidades. Sigue siendo, en el fondo, un enorme espacio de networking. A veces, basta con estar presente, compartir una conversación sincera y dejar que las conexiones surjan de manera natural.

    Si giramos un poquito de lado la cabeza y entornamos los ojos, podríamos ser capaces de identificar comportamientos que nos podrían recordar a algunas competencias básicas del EntreComp. Sé que soy muy friki con el tema pero, permíteme que te deje mis gafas:

    Identificar oportunidades

    Sí, hay farolillos. Sí, hay rebujito. Pero más allá del catavino verá también otra cosa: ideas en movimiento. A veces no hace falta una pizarra blanca, basta con una conversación en el albero. Proyectos que se mencionan al paso, propuestas que surgen con una jarra compartida, colaboraciones que se insinúan entre sevillanas. La Feria es una incubadora social donde se detectan tendencias, se cruzan mundos y, si estás atento, se te podría enceder alguna bombillita.

    Tomar la iniciativa

    Lo más difícil muchas veces es acercarse. Romper el hielo. Atreverse a decir “¿tú no eras fulano del evento aquel?”. Pero en Feria todo es más fluido. Quizás por la cercanía, tal vez por el compás o puede que porque el contexto lo pone fácil. Sea como fuera, aquí tomar la iniciativa es una habilidad que se puede practicar sin presión. Y sin que nadie te mire raro por hacerlo (depende de cómo vayas…). Se trata, simplemente, de atreverse a abrir conversaciones con intención, aunque el traje sea de flamenca.

    Gestionar la incertidumbre

    La Feria es todo menos previsible. Quedas con alguien y se cruza con tres conocidos antes de llegar. Te dicen “voy pa’ allá” o «estoy llegando» y aparecen dos horas más tarde. Pero eso también es parte del juego. Y como en la vida profesional, la incertidumbre aquí no se evita: se capea. Saber adaptarte, leer los tiempos, fluir con lo que sucede y aprovechar lo inesperado… es una coreografía que muchos profesionales deberían ensayar más a menudo.

    Movilizar a otros

    ¿Sabes quién tiene la caseta perfecta? ¿Quién conoce a esa persona con la que llevas meses queriendo hablar? ¿Quién te presenta a alguien con quien compartes interés sin saberlo? Exacto: ese amigo, familiar, compañero o colega que se convierte en nodo entre realidades. En la Feria, movilizar a otros no pasa por grandes discursos, sino por pequeños gestos: un “vente”, un “te presento a…”, un “tenéis que hablar”. Son dinámicas naturales, pero con un potencial brutal si sabes practicarlas.

    Trabajar con otros

    En Feria no se trabaja… ¿seguro? Porque moverse en grupo, llegar a acuerdos informales, cuidar los tiempos de cada quien, adaptarse a los ritmos colectivos y, sobre todo, saber disfrutar sin perder el foco, también es trabajo. Trabajo blando. Trabajo emocional. Trabajo colaborativo. Y es justamente el que muchas veces más falta hace cuando queremos construir comunidad o avanzar profesionalmente.

    ¿Qué podemos sacar de esto?

    Que no hace falta llamar “networking” a algo para que lo sea. Que la productividad no siempre es gris. Que hay contextos, como la Feria, donde lo personal y lo profesional se dan la mano —literalmente— y, cuando eso ocurre, el aprendizaje es otro. Más sutil, más relacional, más humano.

    La Feria también es productividad. Solo que disfrazada de lunares.

    Y que sí: la Feria también educa. No con apuntes, sino con experiencias. No con PowerPoints, sino con conversaciones reales. Si le aplicas mirada emprendedora, te darás cuenta de que durante una semana al año, Sevilla se convierte en el congreso más alegre del mundo.


    En La lección pendiente encontrarás muchas más reflexiones sobre cómo el emprendimiento —y el aprendizaje que lo acompaña— aparece en los lugares más insospechados: en un aula, en una sobremesa, en un campamento scout o incluso en una película. Porque emprender, al final, es una forma de mirar. Y está en todas partes, si sabes dónde enfocar. Puedes encontrar el libro en Amazon y sumarte a la conversación.

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  • Síndrome del impostor: un libro para perderle miedo. Palabra a palabra.

    Síndrome del impostor: un libro para perderle miedo. Palabra a palabra.

    Hoy voy a contar una historia que empieza con miedo y acaba con un libro: La lección pendiente.

    Durante años, escribir fue sinónimo de pánico, agobio e incomodidad. Fuera el papel o la pantalla en blanco me devolvía siempre un reflejo molesto y ansioso: el del síndrome del impostor que bloqueaba mis teclas y trazo. Mis textos nunca estaban suficientemente acabados; para protegerme, desplegaba tecnicismos y lenguaje académico que me intentaba dar algo de seguridad sin demasiado éxito. Un «estilo» que más que comunicar, me ocultaba. Ni siquiera durante mi etapa en Nativo Social (agencia de social media), con el Sunrise Blog Club (evento matutino para blogueros), conseguía soltarme y escribir con verdadera fluidez y libertad.

    Sin embargo, los años de profesional inquieto me mostraron algo que no me apetecía ver: ni las fotos ni los vídeos de los eventos profesionales que organizaba tenían el mismo impacto duradero que la palabra escrita. Entendí entonces, muy a mi pesar, que para construir realmente marca personal no bastaba con «hacer». Tenía que explicar el porqué, reflexionar sobre cada experiencia y compartir aprendizajes. Exponerme. Concluí entonces que la mejor inversión, por lo tanto, era reconciliarme con la escritura. Era hora de juntar palabras y enfrentarme a mi resistencia más profunda.

    Paradójicamente, lo pienso a menudo, esta decisión iba totalmente en contra de esos consejos tan frecuentes que escuchamos:

    «Enfócate en lo que eres bueno y olvídate de lo demás».

    No seguí esa lógica; al contrario, me lancé precisamente hacia lo que peor se me daba. ¿Error o acierto? Aún no lo tengo claro.

    Entre mis defectos abulta también la «titulitis», debe ser algo generacional o familiar, por lo que decidí enfrentar el reto mediante un curso de escritura. Así calmaría un poco la ansiedad obteniendo un título por el que, al menos simbólicamente, otra persona validase el esfuerzo y los supuestos conocimientos adquiridos. Y fue precisamente en ese curso donde descubrí el ensayo gracias a Carlos Castro Rincón y su Pantógrafo: un formato abierto, sin la obligación de llegar a conclusiones definitivas, perfecto para explorar y pensar desde diferentes ángulos. Aunque debo reconocer que esa ausencia, opcional, de conclusiones cerradas aún me genera cierta incomodidad.

    Tras el curso, decidí continuar con Carlos y vino un proceso intensivo de provocación, acompañamiento y supervisión que me mantuvo escribiendo semanalmente durante más de un año y medio. Hubo piezas aceptables, otras muchas mediocres, pero poco a poco acumulé más de medio centenar de ensayos. Y sucedió algo curioso: comenzaron a aparecer conexiones entre ellos, un universo temático que parecía cobrar sentido colectivo. ¿Podía ser aquello realmente un libro?

    Sin confiar mucho en aquella intuición, opté por el camino de «Juan Palomo»: autoedición pura y dura. Me lancé a aprender Affinity Publisher, mapeé ensayos, organicé estructuras, luché con sangrados, tipografías y márgenes en KDP. Fue exasperante y divertido a partes iguales.

    Lo sorprendente para mí, que suelo tener habilidad para anticiparme a los hechos, es que este proceso fue emocionalmente muy complejo. Me trajo sensaciones que nunca podría haber adelantado. Hoy, esas 200 páginas de mí circulan por ahí, conversando con desconocidos. Es una sensación extraña que todavía no consigo integrar, pero me alegra profundamente haber dado ese paso.

    Haber enfrentado voluntariamente esa incomodidad y haber cambiado mi actitud hacia la escritura es algo que valoro muchísimo. Soy consciente de lo que me ha costado. Además, el proceso me obligó a una introspección constante, revelando aspectos de mí mismo que nunca antes había observado y que sin duda darán para futuros escritos.

    Ahora, sabiendo lo que implica escribir y publicar, puedo decir que reincidir es posible. Porque ya lo hice una vez, ensayo a ensayo, ladrillo a ladrillo. Y aunque siga siendo difícil expresar mi opinión por escrito, sé que este esfuerzo merece la pena. El resultado, hoy puedo asegurarlo, ha valido cada instante de inseguridad.

    Ahora que el libro existe más allá de mí, comienza un nuevo diálogo. Una conversación abierta, algo incierta, con quienes lo lean. Este proceso me ha enseñado que escribir, como vivir, implica aceptar cierta incertidumbre. Quizás el síndrome del impostor no desaparezca del todo, pero hoy sé que puedo invitarlo a sentarse a mi lado mientras sigo jugando con las palabras.


    Si algo de esto resuena contigo o te ves reflejado en este viaje, quizá encuentres en las páginas de La lección pendiente ideas, preguntas o respuestas inesperadas. Puedes conseguirlo en Amazon y acompañarme en esta conversación abierta. ¿Te animas a leerlo?

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  • La lección pendiente no lleva ni un mes publicada.Y ya me ha regalado más de lo que podía imaginar.

    La lección pendiente no lleva ni un mes publicada.Y ya me ha regalado más de lo que podía imaginar.

    Esta Semana Santa, entre torrijas, familia y alguna que otra desconexión , me han llegado varios mensajes. De lectores. De personas que han leído el libro y han querido compartir lo que les ha removido, lo que les ha respondido, lo que les ha hecho reír o, simplemente, acompañar.

    Personas que no conocía.
    Personas que sí.
    Personas que me han dicho “me he emocionado”, “me ha hecho pensar” o “me lo he leído en dos tardes”.

    Gracias.

    Gracias por leerlo. Por regalarme vuestras palabras. Por dejarme entrar un ratito en vuestra cabeza, en vuestro día, en vuestra historia.

    Soy autor novel. No tengo ni idea de cómo va esto. No sé qué esperar, qué es mucho, qué es poco.

    Pero si sigue siendo así… si cada semana alguien me cuenta que el libro le ha servido para algo…

    Entonces todo —cada noche escribiendo, cada duda, cada corrección, cada ensayo que no acababa de cuadrar— habrá merecido la pena.

    Escribir es lanzar una piedra al agua. Ver las ondas no siempre es fácil. Pero estos días, gracias a vosotros, las estoy viendo. Y me siento muy agradecido.

    Si aún no le has echado un vistazo, puedes hacerlo aquí: https://amzn.eu/d/3LgI5hX

    #LaLecciónPendiente#Gracias#Escribir#Lectores#EmprenderEsPensar#Educación#Reflexión

  • ¿Formar para ayer? ¿o para mañana?

    ¿Formar para ayer? ¿o para mañana?

    ¿Y si emprender no fuera sólo una cuestión de montar empresas, sino de cultivar las habilidades que más van a importar en el futuro?

    En la gráfica del World Economic Forum sobre las “Core Skills for 2030” lo deja claro: lo que más van a valorar las empresas no es sólo saber de tecnología, sino saber pensar, conectar, adaptarse y aprender.

    Lo más demandado en 2030 se parece mucho a los pilares y competencias trabajadas en la Educación Emprendedora.

    Entre esas competencias aparecen joyas como:

    • 🤓​ Pensamiento analítico (entender el problema antes de resolverlo)
    • 🔍​ Curiosidad y aprendizaje continuo (emprender como forma de aprender)
    • 💪 Resiliencia y flexibilidad (pivotar no es fallo, es evolución)
    • 👉 ​​Liderazgo y conciencia de uno mismo (liderar con propósito, no con ego)
    • 👂 Empatía y escucha activa (sin cliente, no hay propuesta de valor)
    • 🧠​ Pensamiento sistémico (ver el bosque y no solo los árboles)

    🏛️​ Pilares de cualquier programa serio de Educación Emprendedora.

    Emprender no debe verse sólo como crear empresas. Es crear futuros posibles. Es aprender a vivir, a decidir, a imaginar, a fallar y a volver a intentarlo con otra mirada.

    La pregunta no es si el emprendimiento debe estar en las aulas.

    La pregunta es: ¿cómo podemos permitirnos no enseñarlo?

    Si estás enseñando emprendimiento, estás enseñando el futuro. Y si no lo estás haciendo aún… en Teachabiz – Educar para Emprender estamos para ayudarte.

    🌱 Y si te apetece una lectura diferente, provocadora y honesta sobre todo esto, puedes empezar por La lección pendiente. Disponible ya en Amazon: https://amzn.to/3J7Yw3K

    #educaciónemprendedora #skills2030 #teachabiz #entrecomp #docencia #futurodeltrabajo #emprenderesaprender #lalecciónpendiente

  • A veces se gana, otras veces se aprende

    A veces se gana, otras veces se aprende

    Ayer no publiqué. La semana fue intensa, con una agenda complicada que acabó estrangulando el tiempo de escribir. Sin embargo, esa pausa (y esa agenda) me brindaron un buen tema de reflexión.​

    Acompañé (ayer y las dos semanas previas) a dos equipos de jóvenes, de entre 11 y 13 años, en la defensa de sus proyectos emprendedores. Primero, en una simulación de feria con stand y posterior presentación formal con pitch, jurado y todos sus avíos.

    Ninguno de los equipos obtuvo el primer puesto en su categoría.​

    Para algunos, esto podría interpretarse como un fracaso. Pero mí perspectiva es distinta.

    Aunque no lograron el reconocimiento máximo, los aprendizajes y experiencias obtenidos son invaluables. Como bien dice John C. Maxwell, experto en liderazgo: «A veces se gana, otras veces se aprende».​

    5 aprendizajes clave que se llevaron estos jóvenes:

    > Resiliencia ante la adversidad: Enfrentar desafíos y no obtener el resultado esperado les enseña a manejar la frustración y a seguir adelante.​

    > Importancia del trabajo en equipo: Colaborar, escuchar y aportar en conjunto fortalece la cohesión y eficacia del grupo.​

    > Habilidades de comunicación: Presentar ideas de manera clara y persuasiva es esencial en cualquier ámbito.​

    > Adaptabilidad: Aprender a ajustarse a diferentes situaciones y feedback es crucial para el crecimiento personal y profesional.​

    > Valor del esfuerzo continuo: Entender que el éxito no siempre es inmediato y que cada intento suma en el camino hacia las metas.​

    Estas experiencias tempranas moldean el carácter y preparan a los jóvenes para futuros retos. Como señaló Samuel Beckett: «Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor.»​

    En #educación y #emprendimiento, no se trata sólo de ganar, sino de crecer con cada experiencia. Cada paso, incluso los que parecen retrocesos, nos acerca más a nuestras metas.​

    Además, es fundamental comprender que la conclusión de una acción o proyecto no representa el final, sino el inicio de nuevas oportunidades. Cada experiencia, independientemente de su resultado, abre puertas a aprendizajes y caminos que antes no habíamos considerado.​

    Más allá de los resultados inmediatos, lo esencial es el proceso y las posibilidades que se generan a partir de él. Cada final es, en realidad, un nuevo comienzo.​

    Esto me recuerda a uno de los capítulos de #Lalecciónpendiente, donde exploro cómo el aprendizaje auténtico surge precisamente en estos momentos de incertidumbre y transición.​

    📘 Si te interesa profundizar en estas ideas, te invito a explorar #Lalecciónpendiente, donde comparto más sobre cómo convertir cada experiencia en una oportunidad de crecimiento: https://amzn.eu/d/dH8G6RC

    ¡Y buen fin de semana!

    #EducaciónEmprendedora #Aprendizaje #LaLecciónPendiente

  • “Ese no es tu problema”

    “Ese no es tu problema”

    Lo de «Entonces no eres mi cliente» es algo cada vez más habitual de escuchar y me parece bien. Haber descartado en buena medida lo de «mi cliente es todo el mundo» es un pequeño paso para la Humanidad pero un gran paso para el Emprendimiento nacional.

    Sin embargo, esta hazaña, puede esconder en muchos casos algo más preocupante como no haber definido correctamente el PROBLEMA en un primer momento. En este caso… lo del cliente tendrá pocas probabilidades de resolverse con éxito.

    Un emprendedor (probablemente cualquiera de nosotros en algún momento) decía: “Mi problema es que no vendo.”

    Pero ese no era su problema.

    Su problema tenía más que ver con lo que CREÍA que estaba resolviendo y el valor que la gente percibía que podía obtener a partir de su producto/servicio.

    Ni siquiera él lo tenía claro del todo.

    Cada vez que alguien me dice cuál es su problema, lo primero que hago es cambiarle el nombre. O el marco como dicen en inglés… reframe it! Porque nominar mal un problema es como ponerle la dirección equivocada a una carta: no importa cuántos sellos le pongas, nunca va a llegar.

    En mi trabajo —ya sea en talleres, consultorías o eventos— no suelo dar respuestas. Doy e intento provocar mejores preguntas.

    Preguntas que obliguen a cambiar el foco, que reordenan las piezas, que hacen que todo suene distinto. Sin añadir nuevos ingredientes. Sólo siendo más conscientes de los que están.

    Porque cuando cambias la mirada, cambian las decisiones. Y cuando cambia la decisión, cambia la acción. Y entonces, sí: cambia el resultado.

    A veces, lo único que te hace falta no es más esfuerzo, ni más recursos, ni siquiera más ideas.

    Sólo unas gafas nuevas.

    De eso hablo, entre otras cosas, en #Lalecciónpendiente (https://amzn.eu/d/iEUZusz), en un capítulo que se titula justo así: Unas gafas nuevas.

    Ahí cuento cómo ver distinto no es una opción, sino una urgencia si queremos aprender —y emprender— de verdad.

    ¿Tú también necesitas unas gafas nuevas? ¿O ya las tienes pero no sabes cómo usarlas?

  • El descanso también es una decisión emprendedora

    El descanso también es una decisión emprendedora

    Durante años fui un #workaholic de libro. Y lo llevaba con orgullo. Trabajar fines de semana, noches, festivos… era mi manera de demostrar compromiso. De estar “a la altura”. De ganar respeto. De demostrarme a mí mismo que podía con todo. También de expresarme…

    Hoy no reniego de aquella etapa. En ocasiones no tengo claro si he salido de ella. Pero sí tengo instalada una especie de supraconciencia que vigila e intenta protegerme. Porque he aprendido que hay cosas que, una vez perdidas, no se recuperan. Y una de ellas es el sueño. Las necesarias horas de sueño. Y no sólo el literal, también el simbólico. El descanso profundo. La paz. El espacio interior para sentir, pensar y simplemente ser sin tener que rendir.

    Lo veo constantemente en autónomos y profesionales por cuenta propia, que son la Unidad Mínima de Emprendimiento. Cuando tú eres el negocio, el proyecto y quien lo ejecuta… ¿cómo paras? ¿Cómo priorizarte sin sentir que estás dejando desatendido tu propio sueño?

    Ahí es donde entra una de las competencias más personales del marco #ENTRECOMP: #autoconciencia y #autoeficacia. No es sólo saber en qué eres bueno. Es saber cómo estás. Qué recursos reales tienes hoy (no los que proyectas). Qué emociones te están gritando desde dentro. Qué cosas estás sacrificando sin darte cuenta.

    La #introspección no puede ser un lujo. Es una necesidad. Emprender tensiona la seguridad y la valía de uno mismo hasta límites poco conocidos. Pones en juego no sólo lo que sabes hacer, sino lo que crees que eres. Y eso te obliga a mirar hacia dentro. A enfrentarte a dudas que no sabías que tenías. A sostenerte cuando nadie más te está mirando.

    No es casualidad la cantidad de libros de autoayuda y desarrollo personal que se consumen y recomiendan en el ámbito emprendedor…

    No puedo hablar desde la experiencia directa, pero muchas veces pienso que emprender se parece —en el fondo— a hacer la mili. No por la forma, ni por la función. Sino porque es una experiencia de paso. Una prueba de resistencia emocional. Una confrontación con uno mismo que transforma.

    Si todo el mundo pasara por la experiencia de emprender un negocio… quizás muchas cosas funcionarían distinto en esta sociedad.

    En #Lalecciónpendiente hay mucho de eso. De cómo emprender no es sólo crear algo útil para el mundo. Es también crearse a uno mismo mientras lo intentas.

    ¡Buen fin de semana!

    🟡 ¿Te estás escuchando de verdad… o sólo sobreviviendo al ruido?

    📘 Si esto te remueve, #Lalecciónpendiente quizás también lo haga: https://amzn.eu/d/gr9Jw2n

  • ¿Negocios grises? No, gracias.

    ¿Negocios grises? No, gracias.

    Una de las competencias del marco #ENTRECOMP que menos habituados podemos estar en trabajar es, paradójicamente, una de las más importantes: pensamiento ético y sostenible. Porque emprender no es sólo identificar oportunidades o monetizarlas. También es decidir qué tipo de impacto queremos generar y como nos gustaría ser percibidos.

    Esta semana, entre clases, debates en Teachabiz – Educar para Emprender y conversaciones con compañeros, vuelve a aparecer un tema desapeticible: la normalización de prácticas grises en el ámbito profesional, empresarial y emprendedor.

    Hay sectores donde trabajar en negro, tener contabilidad B o “arreglar las cosas por fuera” se ha convertido en costumbre. No es la excepción, es casi la forma de operar por defecto. Como si la ética fuese un lujo, y la picaresca, un superpoder. Como si saltarte las reglas te hiciera mejor profesional. Más «espabilao». Más rápido.

    Pero cuando emprendemos desde esa lógica, no sólo erosionamos la confianza del sector o ecosistema, también lanzamos un mensaje claro: “Aquí caben los listillos”. Y eso, tarde o temprano, pasa factura. A todos.

    Porque los negocios grises no son sostenibles (ni éticos). No consolidan relaciones. No construyen reputación. No atraen talento bueno, ni clientes fieles, ni oportunidades sólidas. Son castillos en el aire. Y además —y esto se dice poco— copiarlos sólo requiere ajustar nuestro estómago.

    En cambio, construir desde la ética y la sostenibilidad, con coherencia, sí crea barreras de entrada.

    Porque hacerlo bien, hacerlo limpio, hacerlo pensando en el largo plazo… no es fácil.

    Y eso te protege.

    En #Lalecciónpendiente hablo sobre esto: de cómo la ética no es una etiqueta, sino una ventaja. De cómo emprender con principios no es ingenuidad, sino estrategia. Y de cómo no todo vale… sobre todo si quieres que lo que haces valga de verdad y tenga un futuro en el largo plazo.

    🟡 ¿Qué prácticas “de toda la vida” están limitando tu negocio más de lo que crees?

    📘 Si estas reflexiones te resuenan, aquí te dejo La lección pendiente: https://amzn.eu/d/gr9Jw2n

  • Un emprendedor no basta

    Un emprendedor no basta

    Esta tarde he estado impartiendo una nueva edición del programa #Eureka! HUB en el Colegio Internacional de Sevilla San Francisco de Paula, con un grupo de alumnos de Y9 (14 años) dentro del PAI por competencias. Llevan años participando en los programas #Eureka! (Y5, Y6, Y7, Y8), así que no les suena raro lo de desarrollar proyectos, prototipar, identificar problemas, modelar soluciones…

    Y sin embargo, ahora que estamos en las primeras sesiones de un nuevo proyecto, surge una realidad conocida: que por bueno que sea el producto o servicio, el equipo y su coordinación son vitales para el trabajo y el avance.

    Trabajar en equipo es algo que este Colegio fomenta desde etapas muy tempranas a un altísimo nivel. Sin embargo cada nuevo reto, cada nuevo equipo, lo pone a prueba y genera nuevas oportunidades de autoconocimiento y crecimiento. Y eso me recuerda, inevitablemente, al mundo laboral. A las startups y a las empresas más sencillas (si es que existe tal cosa). A esos entornos donde seguimos hablando de “alguien emprendedor”, cuando en realidad ningún proyecto sostenible se construye en soledad.

    > Emprender no es un camino solitario.

    >Es un deporte de equipo.

    Por muy buena que sea tu visión, por muy claro que tengas el producto o el mercado, si no eres capaz de rodearte de personas complementarias, de coordinarte, de confiar, de ceder, de dejarte desafiar… de delegar… tu idea no llegará muy lejos. O peor aún: llegará, y tal vez te encuentres solo.

    En #Lalecciónpendiente reflexiono sobre esta figura del emprendedor solitario que tanto daño hace. Y sobre cómo enseñar emprendimiento no debería centrarse en forjar héroes, sino en enseñar a convivir en la incertidumbre con otros, sumando inteligencias, talentos y sensibilidades distintas.

    🟡 ¿Con quién cuentas tú cuando todo se tambalea? ¿Y quién cuenta contigo? ¿Has identificado ya quiénes forman tu EQUIPO?

    📘 En #Lalecciónpendiente hablo mucho de estos temas: de cómo enseñar, emprender y construir sin olvidarnos de los demás. Si te apetece, lo tienes aquí: https://amzn.eu/d/gr9Jw2n

  • Tomar la iniciativa no es lo mismo que estar ocupado

    Tomar la iniciativa no es lo mismo que estar ocupado

    Hay una trampa habitual y muy sutil que puede acompañar a muchas personas inquietas. Es la trampa de la actividad. Hacer muchas cosas puede parecer tomar la iniciativa, pero no siempre lo es.

    He conocido a muchos alumnos, compañeros y profesionales que encadenan tareas, eventos, reuniones, cursos, correos, documentos… como si eso bastara para construir algo. Yo mismo tengo períodos de este tipo de los que intento escapar lo más rápido posible. Pero tomar la iniciativa de verdad no es dedicar tiempo a muchas cosas, sino acometer con sentido.

    Es preguntarse:

    > ¿Qué problema quiero resolver? ¿Para qué?

    > ¿Qué quiero provocar en el mundo? ¿Cuál es mi objetivo?

    > ¿Dónde pongo mi energía de verdad? ¿Tengo esa energía?

    Y sobre todo:

    > ¿Cuál va a ser mi plan para conseguirlo?

    Hay que tener mucho valor para parar, aunque sea un momento, y mirar. Para no dejarse llevar por la corriente. Para proponer algo aunque no esté del todo claro. Para asumir que quizá no nos aplaudan de primeras. Pero quien no toma la iniciativa se queda esperando a que otro defina lo importante. Malgastando tiempo y vida.

    En #Lalecciónpendiente hablo de cómo educamos en un sistema que a menudo premia lo reactivo por encima de lo proactivo. Que prepara para ejecutar, no para imaginar. Y esa carencia no se resuelve con más contenido, sino con más conciencia.

    En línea con lo que comentábamos la semana pasada sobre la creatividad, imaginar no tiene edad. No es infantil. Es un ingrediente clave para cosas tan «adultas» como el pensamiento estratégico. La base de metodologías como el #futurethinking. Al tiempo que resulta fundamental si queremos organizar una barbacoa… 🥩 🥓 🔥

    Educar para emprender no debe estar centrado únicamente en formar emprendedores, sino cultivar en cada persona la capacidad de dar el primer paso cuando nadie más lo da. Esa es la verdadera iniciativa. Y también, la que más transforma: personas, colectivos, empresas y sociedades.

    🟡 ¿Cuánto tiempo hace que no tomas la iniciativa de verdad?

    📘 ¿Te resuena?, en tal caso, puedes echarle un ojo a La lección pendiente donde ensayo sobre este y otros temas relacionados con la educación y el emprendimiento. Lo tienes aquí: https://amzn.eu/d/gr9Jw2n